Apuesta por la seguridad en tu cocina, una cuestión de salud

La crisis de los pepinos, las vacas locas, la leche con melanina, el E.coli, el anisakis, la peste porcina, la gripe aviar… seguro que alguno te suena. Las crisis alimentarias y la histeria por lo que nos llevamos a la boca son, en la actualidad, la cara de la misma moneda. Deja de alarmarte, pues todas estas cuestiones tienen fácil solución si pones en práctica unas normas básicas de higiene y preparación de los alimentos.

En crudo

  • Los alimentos que se consumen crudos -sin pasar por ningún tipo de proceso culinario que elimine los patógenos-, son quizás los que mayor peligro entrañan, pero ¿en serio estás dispuesta a prescindir de un buen carpaccio, del mejor sushi, del estupendo salmón ahumado, y del delicioso steak tartar? No hace ninguna falta. Basta con congelarlos a una temperatura inferior a 18 grados centígrados y te los podrás comer con toda tranquilidad. En el caso de las verduras y las frutas, lávalas bien bajo el grifo. Si eres muy maniático, compra lejía alimentaria o usa vinagre y limón para acabar con todas las bacterias. Recuerda enjuagarlas, escurrirlas y, en el caso de la lechuga, centrifugarla, antes de guardar las hojas que te hayan sobrado.

Técnicas de cocinado

  • Como habrás deducido, llevar una dieta sana y equilibrada no basta para asegurar la calidad de nuestra alimentación. Conservar los productos de manera adecuada y aprender a cocinarlos de un modo u otro resulta determinante a la hora de alejarnos de riesgos innecesarios pero también nos hará disfrutar más de nuestros platos. Así, podemos asarlos, hervirlos, freírlos, pasarlos por la plancha, hacerlos al vapor o en el microondas, hornearlos y un largo etcétera de alternativas gastronómicas. Cada una de ellas modificará la textura de los ingredientes, facilitando su consumo y destruyendo los microorganismos causantes de toxiinfecciones que, generalmente, no toleran temperaturas superiores a los 55 grados.

Recomendaciones específicas:

  • Mejor asado, hervido u al horno que frito.
  • Vigila los tiempos de cocción: los del pescado son inferiores al de las carnes, aunque todo dependerá de sus dimensiones.
  • En la piel de muchas frutas y verduras residen gran parte de sus propiedades. Lávalas bien y ahórrate el pelarlas.
  • Las legumbres: en remojo durante unas horas para reblandecer su piel. Si no quieres que se forme espuma cuando las pongas a cocer, añade un chorrito de aceite.
  • Huevos: mayonesas y otros productos que los contengan deben consumirse en un plazo máximo de 24 horas. Cuando acabes de usarlos mételos inmediatamente en el frigorífico.

Encimeras bien limpias

  • El banco de la cocina es tu lugar de trabajo. Lo ideal es preparar los alimentos en el trozo que existe entre la pila y los fogones, y contar siempre con dos trapos distintos: uno para secarnos las manos y el otro para limpiarnos restos de comida. Ponlos a lavar cuando acabes de guisar.
  • Para las encimeras, opta por colores claros y poco pigmentados. El silestone es una buena opción. Sin embargo, la mayoría de bancos de cocina son de tonos oscuros formados a base de pequeñas piedras que camuflan la suciedad. Asimismo, existen materiales más higiénicos que otros. Intenta que se trate de encimeras macizas y no porosas, preferentemente de piedra, bambú, acero inoxidable, y piedra de cristal. A pesar de las apariencias, el bambú posee propiedades naturales que repelen las bacterias.  Entre los materiales sintéticos más apropiados se encuentran la fórmica, el corian, el hi-macs, y el zodiaq.
  • Vitrocerámica, inducción o gas: si te cuesta limpiar cuando has acabado de hacer pucheros lo mejor es que te decantes por una vitrocerámica o una placa de inducción. Con pasar un quitagrasas y un trapo será suficiente. Sin embargo, la comida tiene un gusto particular cuando la elaboras con gas, aunque el principal inconveniente será desmontar los fogones y no dejar ni un resquicio de restos alimenticios.

¿Estás preparada para seguir disfrutando de la comida sin poner en riesgo tu salud?

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