Estornuda con ganas, ¡no te cortes!

Estornuda con ganas, ¡no te cortes!

¿Sabías que el estornudo es un mecanismo de defensa? Nuestro cuerpo lo produce como respuesta a algún factor físico, alérgico, químico o infeccioso con el que nos hemos topado, por lo que tiene una función protectora. Durante este acto involuntario y reflejo se expulsan las partículas o gérmenes que lo han desencadenado, motivo por el cual el estornudo no debe reprimirse.

¿Qué pasa cuando estornudamos hacia dentro? Pues que entorpecemos la labor de nuestro organismo: se produce lo contrario de lo que nuestro cuerpo pretende conseguir mediante el estornudo, es decir, no nos deshacemos de esas partículas irritantes que nos lo han provocado, sino que ese arrastre se produce hacia el interior de nuestro organismo,  desplazándosen los gérmenes hacia las zonas más internas de la fosa nasal, senos paranasales o incluso hasta el oído medio, donde pueden ocasionar infecciones o empeorar las ya presentes.

Por otro lado, la fuerza del aire del estornudo reprimido, junto con el aumento de presión que se origina, puede provocar consecuencias como: leves roturas vasculares, inflamación timpánica y/o de las fosas nasales, mareos, dolor de cabeza, alteraciones en la audición y demás resultados negativos para la salud. La razón de todas estas consecuencias es que la velocidad del aire y la presión que produce el estornudo es enorme: el aire sale proyectado a unos 110 km/h.

Y otro dato curioso: según José Manuel García Moreno, neurólogo del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, aproximadamente un 25% de la población padece ACHOO, o Síndrome de Estornudos Helioftálmicos Incoercibles Autosómico, que no es otra cosa que estornudar a causa de un estímulo de luz. Puedes comprobar si lo padeces cuando tengas ganas de estornudar pero no te salga, no tienes más que mirar hacia una fuente de luz en ese momento. Si descubres que estás dentro de este tanto por ciento, habrás descubierto una buena fórmula para facilitarte el estornudo cuando lo necesites y no te venga.

Ahora que ya conoces la importancia de estornudar con ganas, no vuelvas a reprimirte, ¡que no te avergüence estornudar con ganas!

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